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TOMO I
 

VIRGINIA ARAYA GUTIERREZ

 

 

MI PERRO POQUITO Y YO


Tengo la sensación de que mi perro Poquito, de tanto estar conmigo, quiere ser en muchas cosas, parecido a mí.

Creo que Poquito quiere ser tan alto como yo,

y que quiere montarse en mi columpio,

elevarse en él como el viento hasta las ramas.
Y llevarse en el vuelo alguna flor.


Muchas noches Poquito se sienta a mi lado y mira hacia lo alto.

Tan altas le deben de parecen las estrellas; tan lejana, la luna, que en lugar de ladrarles como hace a las gaviotas, suspira suavemente. Lo mismo que hago yo.


Poquito quiere tener el pelo largo.
Por eso yo le presto mis trenzas, cuando vamos camino de la escuela en bicicleta.


A Poquito le gustaría poder decir con palabras lo hermoso que está el día, contarme algún secreto o su gran ilusión.

Yo le regalo palabras, cantos que invento. Poemas que recuerdo.

Y escribo en mi diario las cosas que nos pasan. Y luego se las leo.


Poquito quiere hacer las piruetas que yo hago, saltar por las aceras sobre un pie, ponerse del revés.

Dar vueltas y más vueltas cogidos de las manos. Girar sobre la hierba.
Yo me llamo Laura y, a la vez, también quiero ser como Poquito en muchas cosas.

Me gustaría, por ejemplo, jugar sobre la arena de la playa como él lo hace. No preocuparme si se me ensucia el vestido, o si se me llenan los bolsillos con arena.


También querría tener su olfato, y encontrar todo tan fácilmente como él lo encuentra. Dar con aquello que siempre se me pierde.


Me gustaría hacer amigos tan rápidamente como él. Empezar a jugar sin preguntarles nada. Llevar el juego a cualquier parte.


Yo sé que Poquito se da cuenta de cómo me gustaría parecerme a él en tantas cosas, y se acurruca a mi lado como si yo también, como si yo pudiera.

O mejor aún, como si no importara nada de eso.

Como si fuéramos nosotros, Laura y Poquito.

No tan distintos.

Texto: VIRGINIA ARAYA GUTIÉRREZ - Ilustraciones: ROCÍO ARAYA GUTIÉRREZ



EL ÁRBOL


La luz llega por todas partes.
El árbol dobla sus ramas,
(la sombra cae a sus pies)
El aire inunda su corona,
pero él, de todo quiere más,
y ansía, sobre todas las cosas,
temblar como un cuerpo.
Llegar al lago aquél
donde espera un chiquillo
a que se haga de día
y queme el sol.


UN LUGAR


Si te diera un lugar
y tú lo atravesaras.
Si en el sol de los ojos
otros cuerpos brillantes como lagos,
nos amaran también.
Después de todo.
Nadie, salvo yo en miniatura,
miraría perpleja.
Si tú llegaras.


UN GRITO


Un beso azul es grande
y tiembla en la boca.
Saliva, injerto, lápiz
de otra pala.
Es de noche,
ellos repiten es la noche
y sienten el hielo sobre la piel.
Un nudo negro en la garganta.
Mientras se perdían,
un grito azotaba el aire
ya marchito.


EL PAÍS DE ARENA


El cielo caía espeso sobre el horizonte, las nubes, de un azul oscuro intenso, chocaban unas con otras agitadas por un fuerte viento.
- No habrá tormenta.- dijo Nilfa, con un tono de certeza en sus palabras.
En el país de arena era muy raro ver llover. Con frecuencia el cielo se cubría de nubes, pero después de un tiempo, esas nubes desaparecían sin dejar ni una gota de lluvia. Eran nubes en permanente movimiento, cuya principal función era dar sombra, no agua.
- ¿Te imaginas que cayera agua en este puñado de arena?- dijo el más pequeño de todos, Trébor, y llenó de arena su mano derecha. A los niños se les iluminó la cara y se acercaron a él, para poder imaginar mejor lo que decía.
- Primero caería una gota, después otra, el primer grano de arena mojado se juntaría con el segundo, éste con otro, y así se formaría una masa como de barro.
- Yo te untaría la cara con ella.- comentó Nilfa sonriendo. Hubo una carcajada colectiva.
Los ojos de los niños brillaban humedecidos, su inocencia resbalaba por los rayos de sol que se filtraban por las nubes. El paisaje era extraño. Era extraño que el pastizal fuera amarillo como el sol, era extraño que el borde del camino se sujetara con alambres, y formara entre las piedras una larga tela de araña. Casi no había arbustos, ni árboles, sin apenas agua las únicas plantas que crecían, eran cactus. Eso sí, había algunos gigantes, y su estampa era impactante, un alfombra de púas sobre el fondo azul del cielo. Pero lo que resultaba más extraño de todo en aquel planeta, lo que hacía más árida la mirada, era que no había mar. Los océanos habían desaparecido. El mundo era ya sólo un país de arena.

CUENTO:

                   

 Historias para leer en los labios del silencio.

 

 
 

Texto para una exposición

ALTURA de los sueños, espejos inocentes

¿Puede alguien ayudarnos a ver el cielo,
el otoño entre hojas?, ¿heridas rojas de amor,
puede alguien ayudarnos a ver ritmos de versos
y rostros accesibles?
Cuando digo que no, que nadie puede,
alguien llega de muy lejos, con sus manos abiertas llenas de colores, mirando al mundo (su mundo) extrañamente,
como desde una cima, el borde de algún cuento,
y nos regala sus promesas en láminas,
sus exilios de un solo día
su océano cuanto antes.
Entonces cambio, digo que sí, que alguien puede ayudarnos
al sueño limpio, la gran proeza,
de otra ilusión.

GRACIAS POR PROMETERNOS ALGO
VIRGINIA ARAYA GUTIÉRREZ

                                        
 
MI PERRO POQUITO Y YO
 

    Poquito quiere ser tan alto como yo. Lo sé porque cuando cojo manzanas de los árboles intenta subirse a unas maderas que hay junto al huerto hasta conseguir cogerlas con la boca. También ocurre que si miro por arriba del muro del parque él se pone a excavar intentando atravesarlo, pero por debajo. Por eso yo lo elevo hasta el cerezo cada tarde, para que se sienta a la altura de sus flores y las huela desde arriba, como si fuera un perro gigante. Otras veces le fabrico unos zancos y espiamos juntos el jardín de los vecinos.

 

    Poquito quiere tener el pelo largo y poder llevar trenzas, como yo. Cuando me peino en el espejo por las mañanas antes de ir al colegio, no me quita ojo y pone un gesto en su carita peluda como de envidia. Por eso cuando vamos a correr por la playa siempre me detengo en las rocas a coger algunas algas y se las pongo sobre la cabeza, enroscándoselas para que le parezcan trenzas. Entonces él me ladra todo animado y corre en círculo a mi alrededor, con una pinta.

 

    A Poquito le gustaría poder decir con palabras lo hermoso que está el cielo, contar algún secreto o su gran ilusión. Lo sé porque hay veces que salta sobre mí agitado, como con muchas ganas de que comprenda bien el significado de sus ladridos, que no acierto. Además alguna vez que he leído algún poema en voz alta le he visto enternecerse detrás de sus ojitos grises.  Por eso cuando llueve y la tierra del parque está blanda cojo un palo y le ayudo a escribir su nombre sobre ella.

 

    Poquito quiere hacer mis piruetas, saltar por las aceras, ponerse del revés sobre la hierba. Siempre me imita, bueno, lo procura, cuando yo y mi amiga Anna practicamos en el patio, o si hacemos cabriolas en la colina del parque y rodamos como croquetas, él nos sigue dando vueltas. Yo le ayudo como puedo y un día le puse una medalla de chocolate al mejor trapecista del número de circo que siempre practicamos.

 

     Poquito, de tanto estar conmigo, creo que quiere ser en muchas cosas, como yo.

 

    Yo me llamo Laura y, a la vez, resulta absurdo pero es así, me gustaría ser como Poquito en muchas cosas.

 

     Me gustaría revolcarme en la arena de la playa cada tarde, como él lo hace sin preocuparme de si me mancho la ropa o no, y atrapar con sus saltos las ramas en el aire. Pero no puedo y él me enseña su estrategia, me lleva, me empuja, y se sacude la arena del cuerpo o hace un agujero para que me cubra de tierra todo el cuerpo y no diga nada.

 

    También me gustaría hacer amigos tan fácilmente como los hace él. Cuando se cruza con otro perro, se huelen y ya está, casi siempre acaban jugando. Yo procuro dejar mi pelota a los niños que veo, ponerles una linda sonrisa, pero muchos me hacen burla y se llevan mi pelota, otras veces sí que juegan conmigo y son amables, pero a veces si no estamos de acuerdo en si ha habido falta o no, o cosas así, acabamos peleándonos.

 

    Yo querría también tener su olfato para encontrar aquello que siempre se me pierde. Dejo un rastro, vuelvo atrás, hago memoria, pero no hay manera de ver los calcetines de debajo de las camas, o de encontrar el lápiz de mi amiga Clara que encima me llevé de clase por error y siempre me pide que se lo devuelva. Si no, me ha dicho que le tengo que comprar uno.

 

    Poquito, que es muy listo, sé que se da cuenta de cómo me gustaría parecerme a él en tantas cosas, y me lame la cara como si yo también, como si yo pudiera. O mejor aún, como si no importara nada de eso. Como si fuéramos nosotros, Laura y Poquito. No tan distintos.

 
 
MI AMIGA ÁFRICA

     Los padres de mi amiga África son de Senegal, pero ella nació en China y ahora vive justo enfrente de mi casa, que está en América.

    -Tres continentes llevo en mí, dice siempre con orgullo. 

    Las niñas y niños de nueve años apenas hemos viajado. Ella lo sabe y a veces presume delante de nosotros de todas las cosas que ha hecho y ha visto por el mundo. Por ejemplo asegura que en China ha tocado flores del tamaño de una mano y que en África bailaba descalza todas las puestas de sol. Con lo que nos gusta ir descalzos a nosotros y no nos dejan, consigue darnos mucha envidia.

    Otras veces nos cuenta historias que yo creo que se inventa, porque habla de que en Senegal ha jugado con monos de pies azules y con ranas de cuatro ojos, yo no me lo creo pero Ricardo que es dos años menor, escucha con la boca abierta, y Lucas, que es un pillo, se pone enfrente y abre la boca también imitándole, entonces Ricardo se da cuenta y se avalancha sobre él y así terminan siempre peleándose.

     África es muy veloz, es capaz de atravesar más rápido el patio del colegio que Lidia, una niña de sexto curso dos años mayor que ella y que ha ido a atletismo desde que tenía cinco, también le gana a Maite la niña más flexible de la clase, que puede  tocarse el hombro izquierdo con la mano derecha, pero por la espalda.

    Además África es muy graciosa, cuenta mejor que nadie los chistes, sobre todo los de los “colmos”. “¿Sabes cuál es el colmo de un semáforo?”, pregunta, “sonrojarse cuando pasa alguien”, va y mantiene la respiración e infla los mofletes, así se pone toda roja. Es genial, a todos nos gusta y nos reímos mucho cuando lo hace.

     Pero todas las cosas buenas que África haga a Carlos le dan lo mismo. Él siempre habla mal de ella, a mí me recuerda a cuando tienes una pesadilla con alguien y al despertarte te enfadas con ese alguien, pero no tienes motivos en realidad, porque esa persona no te había hecho nada, era sólo un mal sueño.

     Un día la profesora tuvo que dejar castigado a Carlos sin recreo porque le llamó en plena clase a África “negra zumbona”, y todo porque ella había contestado a una pregunta antes que él y sacó mejor nota. Ese día África se puso a llorar, yo y otros niños nos acercamos a ella y la consolamos.

     Al día siguiente a la profesora se le ocurrió una idea genial que hizo que las cosas cambiaran. Nos tapó a todos los ojos durante la clase y nos sentó por parejas como ella iba diciendo. Luego nos mandó hacer una serie de actividades, todas en parejas. Una era de inventar un cuento entre los dos, otra consistía en recorrer un laberinto de la mano, al ir a oscuras era muy difícil avanzar, te chocabas con todos los obstáculos que había puesto en medio como una silla, una mesa, etc.

    Así pasamos toda la clase, fue una hora muy divertida y diferente a todas las demás. Antes de destaparnos los ojos la profesora nos hizo decir uno por uno cómo nos habíamos sentido y si la persona que había estado a nuestro lado había sido un buen compañero, o compañera.

    Cuando le tocó el turno a Carlos todos nos quedamos de piedra. Sin destaparle los ojos él dijo que su pareja había sido una buena amiga y que se había divertido mucho con la historia que le había contado. También dijo que gracias a ella en el laberinto no se había caído ni una sola vez y que además habían llegado los primeros.

    Al destaparles a ambos los ojos, se quedaron boquiabiertos. Todos nos quedamos boquiabiertos. Su pareja había sido África, a la que tanto odiaba.

     Carlos al principio se quedó quieto, yo pensé que iba a gritar o a protestar porque se le puso la cara toda roja y apretó los labios, pero finalmente soltó una gran carcajada a la que seguimos todos detrás, y no paramos de reír en un buen rato.

    Fue muy bonito ver que desde aquel día Carlos trató con simpatía y respeto a África. Y para el día de carnaval Carlos se pidió ser su pareja en el desfile.

   La verdad es que a partir de aquel momento a África se la veía más contenta, pero sobre todo a quien todos notamos mucho más feliz, mucho más, fue a Carlos.

 
 

PLAN DE VIDA

                                                                     A Rocío

 Se propuso el desenfreno:

viciarse con el canto del jilguero

con abril hacia mayo en sus primeras plumas,

derramar el reflejo primitivo del llanto suave

al acariciar la noche

                            mirando las estrellas

al subir la azulada colina

suponiendo el río claro

y desmayarse, si la luz fuera tan tibia

en la hermosa mañana que excediera los límites

de la buena salud,

llenar los lienzos de la pared y el alma

de mariposas blancas, potrillos ocres

trotando por los campos, estrellas en el cielo

vivas como azucenas…

sacar todas las conclusiones de la naturaleza

por eso sentirse en cada esquina del ruidoso festín,

eso también se propuso, sentirse

solo parte,

         breve suspiro,

                            nada

 

EL POEMA

Lo dejaste en mí
para que lo cuidara
y pusiera en sus manos
un prisma suspendido,
un juego al alba
para llevar envuelto
el suelo en una tela.
Lo dejaste en mis manos,
para que yo soplara
su cabello de sombras,
y en el momento tenue,
previo al amor sin nombre,
por su lengua rosada
lo arrojara hacia dónde.

 

AZUL SIN FONDO

Pasos que anduve por andar.
Lugar de los lugares.
Algo que acompañé
y fue mío.

 

PAISAJE OTOÑAL

Hay un olor a cuerpo
en la distancia otoñal,
en las hojas que duermen
sobre restos de luz,
en el aire en desorden.
En la rama callada.
La hierba pace la tarde
con su cuero borrado,
la luna se emborracha
en un azul furioso.
Cuelgan arcos de voces
de la ciudad velada
que tus ojos empujan,
al girar como un cromo,
hasta el lugar soñado.

 

OCTUBRE

Este cielo de estrellas sin hacer,
este río de nubes que cubre el monte
y vuelve azul la tarde, el pinar,
su silencio.
Este tallo como de un mar debajo.
Octubre,
el instante impermeable de los juncos.

 

NANA

Llévame a dormir como a un camino.
Vigila mis helechos.
Están cansados.
Apenas ven la luz,
lloran.
Méceme, cuéntame avalanchas de caracoles
cierra mis ojos y pinta azul el cielo,
lejos de mí, ya en otra parte,
para que yo descanse.

 

MATAR UN ANIMAL

Y derrotarlo.
Y en el charco azulado de su sangre,
Arrojar el puñal,
Soñarlo intacto.

 

¿OYES TÚ ESA VOZ?

¿Oyes tú esa voz o es sólo mía,
campo de trigo que mueve el pico del gorrión
en la herradura amarga?
¿Oyes tú esa voz o la imagino
cuando sueño la nieve en los tejados rojos
de la ciudad antigua?
¿Oyes tú esa voz o es culpa todo
de la violeta que tiembla con el viento del sur
como un desfile?
¿Oyes tú esa voz o la pretendo yo,
promesa voraz desde unos versos?
¿Oyes tú esa voz, llena de ti, riendo,
casi en cabellos o casi en proa?
¿Oyes tú esa voz?
Por qué se hunde el valle,
cuándo los cielos más altos
bajan a tocar el mar doliendo.
Puedes pararte a completar el mundo
sólo un instante,
estás aquí, total,
goza el error,
aparece en los versos,
danza en el vientre de los astros.
Llega a soñar.
No sólo te vas yendo.

 

Mi casita

 Una casita blanca con tejas de color
que tenga ventanas de madera a medio abrir
y en cuya esquina angulosa y desgastada
sobresalga una piedra, solo una, más que el resto.

Una casita de la que cuelgue
un balcón repleto de geranios y gatos
y en cuyo tejado haya una antena
con un negro alambre sujetándola.

Una casita con su fachada desnuda,
así tal cual o acaso con una fachada oxidada y opaca
adornando su cuello como un collar de perlas.

Una casita con un portón de color tierra
majestuoso, casi arrogante,
repleto de dibujos y relieves.

Una casita rectangular,
con su patio de luces y muralla de piedra.
una casita no muy grande en la que solo quepamos
mis amigos mis enemigos y yo,

pero tampoco muy pequeña
para que durmamos cómodamente y de a uno
mis recuerdos, mis anhelos y yo.

Una casita con nombre de mujer
“Estrella”, “Rocío”, “Carmen”.
y con alegres inquilinos
y anfitriones risueños.

Una casita con canario,
brisa y alfombras de dibujos abstractos
donde todo el que llegue quiera quedarse para siempre,
o si no para siempre,
al menos, si un día más.
Solo así quiero que sea mi casa,
Mejor dicho mi casita.

 

DECLARACIÓN

Menos, tanto como pude,
nunca bastante, pero siempre
todo.

 

DE PRONTO

De pronto un día es como el poema decía,
de pronto un día, al fin, te necesito
y conseguirte es un negocio en el que juego,
porque de todos modos pierdo algo
mientras derrocho
mi aliento en ti.
De pronto un día te necesito
y soy incapaz, no puedo,
no sé hacerlo ni medio bien,
vivir sin ti.